Joaquín dio un paso al frente, con su voz de mando. —No hagas tanto drama por esto. Solo será una semana, hasta que se case. Es un sacrificio pequeño, Lia, y es lo menos que puedes hacer por tu familia en este momento.
Lia no esperó más. La rabia, antes una llama pequeña, se convirtió en un incendio voraz que consumió cualquier rastro de duda. Subió las escaleras corriendo, con sus padres gritándole cosas que se perdían en el eco de su furia. Al entrar en su habitación, el horror fue mayor: sob