La impostora en el umbral
El despacho de Adrián Valenti parecía haberse convertido, en cuestión de minutos, en un campo de batalla de verdades a medias y mentiras completas. Tras la huida de Lia hacia su escritorio, el aire en la oficina de Adrián se sentía pesado, saturado de una tensión que ninguna cantidad de aire acondicionado podía disipar.
Lia se sentó en su silla, con las manos temblando sobre el teclado. El beso en el ascensor aún quemaba sus labios como una marca de fuego. ¿Por qué la