Me quedé helada. Mis ojos no podían dejar de mirar la cara de Lily. Mi hermanita, la que siempre estaba débil en el hospital, estaba ahí parada, firme y sin nada de miedo.Su sonrisa era tan fría que me dio escalofríos por toda la columna. Mi corazón latía muy rápido, ¡tum, tum, tum, tum!, como si se fuera a salir de mi pecho.—¿Lily? —susurré con un hilito de voz, sintiendo que me faltaba el aire.Alexander me apretó contra su cuerpo inmenso, como si quisiera esconderme del mundo entero. Sus manos gigantes estaban duras, listas para pelear, pero sentí que él también estaba en shock.—Emma, aléjate de ella —me dijo Alexander con su voz profunda, ronca y muy seria.Él se puso en medio, protegiéndome como si yo fuera lo más valioso que tenía en toda su vida. Sentí el calor de sus músculos de acero quemando mi piel a través de su camisa rota.—Hola, hermana —dijo Lily, y su voz sonó tan grande y madura que me dieron ganas de llorar.Ella dio un paso hacia adelante. Sus ojos, esos ojos ch
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