Me quedé helada. Mis ojos no podían dejar de mirar la cara de Lily. Mi hermanita, la que siempre estaba débil en el hospital, estaba ahí parada, firme y sin nada de miedo.
Su sonrisa era tan fría que me dio escalofríos por toda la columna. Mi corazón latía muy rápido, ¡tum, tum, tum, tum!, como si se fuera a salir de mi pecho.
—¿Lily? —susurré con un hilito de voz, sintiendo que me faltaba el aire.
Alexander me apretó contra su cuerpo inmenso, como si quisiera esconderme del mundo entero. Sus m