Las palabras de la abuela de Alexander se quedaron flotando en el aire frío de la sala como si fueran fantasmas malos. Sentí un vacío en el estómago tan horrible que pensé que todo el piso se estaba cayendo debajo de mis pies.
Miré a Alexander con los ojos llenos de lágrimas calientes, esperando con toda mi alma que dijera algo. Quería que gritara, que golpeara la mesa, que dijera que todo era una mentira cochina de esa vieja bruja.
Pero él no se movió. Su cuerpo inmenso se quedó completamente