Los pasos pesados arriba hacían que el techo de madera vieja crujiera con una fuerza espantosa. ¡BAM! ¡BAM! Los hombres del abuelo estaban destruyendo toda la cabaña a su paso en medio de la tormenta.
Sentí un vacío en el estómago tan grande que pensé que iba a vomitar del puro horror. Mi corazón latía muy rápido, haciendo un ruido salvaje dentro de mi pecho: ¡tum, tum, tum, tum!
Miré a Alexander con los ojos llenos de lágrimas calientes, pero él seguía completamente congelado en medio del sóta