El mundo se volvió negro de un segundo a otro. Sentí que caía al vacío absoluto, con el estómago encogido y el corazón a mil por hora.
—¡ALEXANDER! —grité con todas mis fuerzas, pero mi voz solo rebotó contra las paredes frías de la tierra.
No escuché nada. Solo el ruido de las piedras cayendo y el aire que me quemaba los pulmones. Estaba sola en la oscuridad más absoluta y profunda.
Mis manos chiquitas rascaron desesperadas contra la tierra húmeda. Tenía tanto miedo que empecé a llorar sin pod