El cañón de la pistola negra de Marcus brillaba feo bajo la luz amarilla del foco chiquito. Mi corazón latía muy rápido, tanto que sentía los golpes en la punta de mis dedos y en mi garganta seca.
Sentí un vacío en el estómago tan espantoso que pensé que me iba a desmayar del puro miedo. No podía creer que Marcus, el hombre que siempre nos cuidaba, fuera una persona tan mala y traidora.
Alexander no dio ni un solo paso hacia atrás. Su cuerpo inmenso y súper musculoso se puso todavía más duro de