La mañana siguiente, Joaquín se despertó temprano, antes de que el sol asomara por el horizonte. La luz grisácea del amanecer se filtraba por las cortinas, creando sombras suaves que se movían con la lentitud del tiempo. El silencio del penthouse era tan profundo que podía escuchar el latido de su propio corazón, un recordatorio de que estaba vivo, de que aún tenía mucho por hacer. Se quedó un momento en la cama, mirando el techo, sintiendo que el peso de la decisión que había tomado le oprimía el pecho. Sabía que tenía que hablar con su abuelo, tenía que decirle que no podían usar el cumpleaños de su madre para la revelación. Pero también sabía que su abuelo era terco, que tenía sus propias ideas sobre cómo hacer las cosas, y que convencerlo no sería fácil.Se levantó en silencio, para no despertar a Mara, que aún dormía profundamente, con el cabello esparcido sobre la almohada y una sonrisa suave en los labios. La luz de la luna se reflejaba en su rostro, dándole un brillo etéreo qu
Leer más