La mañana había llegado con un sol brillante que se filtraba a través de los ventanales del penthouse, bañando el piso de madera oscura con una luz dorada y cálida que parecía dar vida a cada rincón del espacio. El aroma a café recién hecho flotaba en el aire, mezclándose con el perfume de las flores que Mara había colocado en la mesa de centro la noche anterior. Joaquín estaba en la cocina, apoyado contra la encimera de mármol, con una taza de café humeante en una mano y el teléfono en la otra