Las fotos continuaron durante horas, pero Mara ya no sentía los nervios que la habían invadido al principio. La presencia de El Fantasma, aunque imponente, se había vuelto extrañamente reconfortante. Sus movimientos eran precisos, su voz distorsionada pero amable, y su forma de dirigirse a ella era respetuosa y profesional. No había nada en su actitud que la hiciera sentir incómoda; al contrario, había una calma en él que la envolvía, como si la conociera de antes, como si supiera exactamente cómo hacerla sentir segura. Mara se sentía en su elemento, sonriendo con naturalidad, posando con una gracia que sorprendía incluso a los fotógrafos, que no paraban de elogiarla.—Perfecto, Mara, así, esa mirada, ese ángulo... —decía el fotógrafo, disparando sin parar, capturando cada instante, cada gesto, cada destello de luz en sus ojos.El Fantasma se movía a su alrededor con la elegancia de un felino, cada gesto calculado, cada pose pensada para resaltar la belleza de ella. En un momento, se
Leer más