La tarde caía sobre la ciudad cuando Joaquín salió de la empresa, con el éxito de la venta aún resonando en sus oídos como un eco de satisfacción. El sol se filtraba a través de los edificios, creando sombras alargadas en el asfalto que se estiraban como dedos de luz. Tomó su teléfono y marcó el número de Mara, sintiendo que la emoción de verla le llenaba el pecho como un torrente de alegría. Había pasado una semana desde la venta, y aunque el trabajo lo mantenía ocupado, sabía que necesitaba e