El salón de la gala estaba en su punto más álgido. Las luces de las arañas de cristal brillaban sobre los invitados, reflejándose en las copas de champán, en los diamantes de los collares, en los ojos expectantes de todos los presentes. El murmullo de las conversaciones llenaba el ambiente como el zumbido de un enjambre, un sonido constante y vibrante que se mezclaba con el tintineo de las copas y el susurro de los vestidos de seda. Los periodistas se agolpaban en los laterales, con sus cámaras listas para capturar el momento más esperado de la noche. Los accionistas, los inversores, las familias más poderosas del país, todos estaban allí, expectantes, esperando el anuncio que cambiaría el rumbo de Hidalgo Industries.Sebastián estaba en el centro del salón, con una sonrisa triunfante en los labios. Llevaba un traje gris claro, impecable, con una corbata azul marino que combinaba con el tono de sus ojos. Su padre, Don Hidalgo, estaba a su lado, con el pecho inflado de orgullo. Ambos m
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