La caja llegó sin aviso.Ariadna la encontró en el armario de la entrada, detrás de los abrigos que ya nadie usaba, con una etiqueta escrita a mano que decía *cosas de antes* con una letra que reconoció como suya aunque no recordaba haberla escrito. Supuso que había sido uno de esos gestos automáticos de los periodos de crisis: guardar para no ver, etiquetar para no olvidar del todo, esconder para no tener que decidir.La llevó al salón y la abrió sobre la mesa de centro.Había cartas, algunas facturas antiguas, un par de postales de ciudades que no había visitado sola. Y debajo de todo eso, una bolsa de plástico con fotografías impresas, de las que se revelaban en papel, de antes de que todo cupiera en un teléfono y en una nube sin peso ni volumen.Ariadna no había tenido intención de revisarlas esa tarde. Tenía cosas que hacer, o al menos la sensación difusa de que debería tenerlas. Pero sus manos ya estaban dentro de la bolsa, ya estaban extrayendo las fotos con esa torpeza caracte
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