La habitación donde la llevaron era pequeña pero no inhumana.Una cama, una silla, un baño anexo con lo básico. Sin ventanas, con una sola puerta que cerraba desde afuera pero que no tenía cerrojo visible desde adentro, lo cual decía que la confianza de Sorokin en su propia seguridad era total. Las paredes eran de concreto pintado de blanco, el tipo de blanco que no es un detalle de confort sino el resultado de haber cubierto algo anterior. El aire olía a humedad y a un desinfectante industrial que no lograba tapar del todo lo que había debajo.Valentina recorrió la habitación en treinta segundos, tocando cada superficie, probando cada esquina, evaluando cada detalle con la misma metodología que habría aplicado a cualquier otro problema.La cama era sólida, atornillada al suelo. La silla también. El baño tenía una cañería visible en la pared que subía hasta el techo, lo suficientemente gruesa como para ser un punto de apoyo si hacía falta pero no lo suficiente para ser una salida real.
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