La habitación donde la llevaron era pequeña pero no inhumana.
Una cama, una silla, un baño anexo con lo básico. Sin ventanas, con una sola puerta que cerraba desde afuera pero que no tenía cerrojo visible desde adentro, lo cual decía que la confianza de Sorokin en su propia seguridad era total. Las paredes eran de concreto pintado de blanco, el tipo de blanco que no es un detalle de confort sino el resultado de haber cubierto algo anterior. El aire olía a humedad y a un desinfectante industrial