En el interior de la camioneta a Valentina le habían vendado los ojos antes de que el vehículo saliera de la calle del centro pero no le habían atado las manos, solo vendado los ojos, lo cual le confirmó dos cosas: que seguían teniendo instrucciones de no lastimarla, y que querían que no supiera hacia dónde la llevaban pero no les importaba que pudiera moverse.Eso era un error de cálculo de su parte.Valentina contó los giros. Derecha, izquierda, dos derechas seguidas, una larga recta de lo que estimó en unos doce minutos, otra izquierda, frenada brusca, otra recta más corta. La textura del sonido cambió en algún punto de la última recta, el ruido del tráfico urbano reemplazado por algo más abierto, menos reverberante.Estaban saliendo de la ciudad o al menos alejándose del centro.El hombre de la cicatriz en el cuello iba sentado a su derecha. Respiraba con una ligera dificultad que sugería que las costillas que ella le había golpeado en la vereda estaban haciendo lo que ella había
Ler mais