Dormí por pura necesidad.Mi cuerpo se apagó como una vela sin aire, pero mi mente siguió encendida hasta el último segundo. Cada vez que cerraba los ojos, veía al intruso desplomándose a mis pies. La sangre en el mármol. El rosario girando en la bolsa de plástico. La mirada de Ciro abriéndome en canal.Cuando desperté, la luz del sol ya entraba por la ventana. Me quedé unos minutos mirando el techo, con las manos sobre el estómago, sintiendo el vacío de quien ya no sabe en qué terreno pisa.Me preparé en silencio. Me puse un vestido azul claro. Me recogí el pelo. Bajé al comedor. No estaba. Una empleada me dijo que el señor Cavalli estaba reunido en el despacho. Así que fui hacia allí.La puerta estaba entreabierta.Me detuve antes de entrar. Las voces llegaban claras a través de la rendija.—Hay un topo, Enzo. Alguien que abrió la puerta a los Volkov. Alguien que sabía exactamente dónde dormía ella.Era Ciro. Su voz era grave, tensa, pero controlada. Como quien habla de un problema
Leer más