Pasé dos días sin apenas salir de mi habitación.
La nota seguía en mi mesilla, doblada, arrugada de tanto leerla. "Estoy más cerca de lo que crees." Cada vez que la miraba, sentía un escalofrío nuevo.
Revisé la habitación entera. Las ventanas. El armario. El baño. Busqué cámaras, micrófonos, trampas. Nada. Pero la sensación no desaparecía. Me sentía observada incluso dentro de mi propio cuarto.
Y lo peor: ya no sabía a quién contárselo.
Porque ahora sospechaba de todos. De Enzo, que me había su