Bajé a cenar con la decisión de no dejar que Ciro me afectara.
Me había pasado toda la tarde dándole vueltas a sus palabras en el despacho. "Ni siquiera yo sé la respuesta a eso." "Quiero creer que eres el faro que decidió dejar en mi camino."
No. Ya basta.
Era mi carcelero. Un mafioso. Un asesino. No podía permitirme sentir nada por él. Y desde luego no podía permitir que él notara que algo estaba cambiando dentro de mí.
Entré al comedor con la cabeza alta y la expresión serena.
Pero no estáb