VICTORIA—¡Salgan! ¡Si no salen, ella muere ahora mismo! —la voz llegó desde el pasillo.El corazón se me detuvo. Ese timbre, esa cadencia cargada de una rabia que intenté enterrar en el pasado, me golpeó con la fuerza de un rayo. Era inconfundible. Adel. Mi exesposo. El hombre que, se suponía, estaba lejos, pero que ahí estaba, invadiendo mi presente.Tania se puso frente a mí, su instinto protector volcándose por completo. Susurró con un terror que apenas logré distinguir:—No podemos salir, Victoria. Nos va a matar a todas.—No podemos salir, Victoria —susurró con un terror que apenas logré distinguir—. Nos va a matar a todas. Si abres, nos sentencia.Desde afuera, escuché un golpe seco y húmedo. Un quejido agudo de la chica. Luego, un sonido como si la arrastrada, despues gritos de dolor—¡Por favor! —suplicó la empleada desde el pasillo, su voz quebrada por el llanto—. ¡Victoria, sal! ¡No quiero morir! ¡Tiene el arma en mi cabeza! ¡Por favor, no dejes que me mate!El ruego de la
Leer más