VICTORIA
—¿Y si las cenas se vuelven un infierno? —pregunta Alaska, con una sonrisa triste—. Porque, seamos honestos, ustedes dos, Max y Maksim no pueden estar en la misma sala cinco minutos sin discutir.
—Entonces aprenderemos a discutir mejor —responde Tania con una carcajada seca—. Aprenderemos a que las diferencias no tienen que terminar en una demanda o en una ruptura.
La deliberación continúa durante minutos que parecen horas. El padre de Alaska suspira, se pasa la mano por el rostro, ago