MAX.El silencio tras la llamada cae sobre la sala como una losa. Pesado, asfixiante. Valentina se desploma sobre el sofá, el rostro desfigurado por el terror. Intenta respirar, pero solo le salen espasmos cortos, secos. Se le ve el alma rota; no tiene voz, no tiene fuerza, solo la imagen de su hijo en manos de ese desgraciado. Se le ve en los ojos: ella no está aquí, está imaginando a Enzo asustado, golpeado, preguntando por ella. Ese infierno mental es lo que la está matando lentamente.Que rabia, que desesperación, que angustia.Victoria la sostiene, intentando anclarla a la realidad, pero ella está en otra parte. Yo no me muevo. Me quedo estático, la mirada clavada en la nada. Mi sangre está fría, convertida en hielo.Cada segundo de este maldito silencio es una estocada. Sé que Enzo está ahí fuera, en la oscuridad, bajo el control de un psicópata que no conoce la piedad, y el pensamiento de lo que le pueda estar haciendo me quema por dentro más que cualquier bala.—Me voy a morir
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