MAX
—¿Qué quieren? —pregunta, sin sentarse.
—Siéntate —respondo, señalando la silla frente a mí—. Tenemos mucho de qué hablar.
Maksim se sienta, pero no relaja los hombros. Nos mira con una mezcla de hostilidad y curiosidad.
—Estás siendo demasiado amable conmigo, Maximiliano. Nunca lo has sido. ¿Qué buscas?
—Muchas cosas han cambiado —le digo, manteniéndole la mirada—. Y por eso estoy aquí. Para poner los puntos sobre las íes de una vez por todas.
Maksim se recuesta en la silla, observándome,