MAX.
El silencio en el trayecto de vuelta a casa es distinto al de la mañana. Ya no es una carga y sinceramente me gusto mucho el resultado. Tania viaja con nosotros, pero apenas intercambiamos palabras. Al llegar a la residencia, se baja del coche sin mirar atrás.
—Estoy agotada —dice, sin más preámbulo—. La adrenalina ha bajado y solo quiero dormir. Necesito una siesta larga, no me busquen hasta la noche.
La veo entrar. Ha envejecido diez años en un solo día, pero por primera vez, no la veo c