MAX.
Cruzo las puertas de la empresa una semana después de despertar. El movimiento de la gente, el sonido de los teclados, la urgencia de los ascensores; todo está volviendo a su cauce. Victoria camina a mi lado. Sigue siendo mi secretaria, aunque esa dinámica va a cambiar pronto.
Entramos en mi oficina. El despacho está intacto, como si el coma nunca hubiera ocurrido. Me siento tras el escritorio y no dejo de pensar una sola cosa: Adel sigue libre.
La jornada comienza. Victoria gestiona contr