VICTORIA—¿Por qué no? Creí que ese era tu sueño.—Sí, pero... ¿cómo va a nacer ese niño? —suelto, buscando las palabras.—Sí, discúlpame... Es que no sé, estaba pensando en todo esto.Max deja de comer. Apoya los brazos en la barra y se inclina hacia mí, clavándome esos ojos que parecen leer mis dudas. El tono juguetón desaparece por completo.—¿Tienes dudas ahora, Victoria? ¿Qué es lo que pasa exactamente? Habla claro.Dejo los cubiertos en el plato. Si vamos a estar juntos en esto, tengo que ser contundente.—Casarse está bien, lo entiendo como un negocio y un pacto —le digo, sin adornos—. Pero un hijo bajo estas condiciones... Traer un niño al mundo en un matrimonio sin amor no era lo que yo había deseado para mi vida. No quiero criar a alguien en medio de la frialdad.Maximiliano me sostiene la mirada, imperturbable. No se molesta, pero su voz suena pesada, madura, llena de una convicción absoluta.—¿Cómo que no va a haber amor? —me suelta, plano—. Yo voy a amar a ese bebé. Tú lo
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