VERDUGO.
MAX.
El ascensor privado se abre directamente en el recibidor del pent-house. Adel da un paso al frente y se detiene en seco. Sus ojos se abren de par en par, barriendo el mármol negro del suelo, los ventanales de piso a techo que muestran todo Moscú y los acabados en oro y madera fina. Se le corta la respiración. Empieza a mirar cada rincón con la fascinación estúpida de un niño en una juguetería, tocando el borde de una mesa de diseñador solo para comprobar que es real.
—Vaya... —suelta, con