Un año después.La biblioteca Valeria Solís cumplía 36 años de existencia y, por primera vez, organizaron una feria literaria grande en el pueblo. Habían cerrado una calle entera, colocado carpas, mesas de libros y un escenario donde autores locales y nacionales presentaban sus obras.Mateo, con 73 años ya cumplidos, presidía el evento sentado en una silla especial bajo una carpa. Llevaba el relicario visible sobre la camisa blanca y una sonrisa serena que no abandonaba su rostro.Luna era la anfitriona principal. Su último libro, Luz Plateada, se había convertido en un éxito moderado y muchos asistentes querían que les firmara ejemplares. Daniel estaba a cargo de la logística junto a su esposa, mientras Sofía coordinaba el área infantil.La pequeña Valeria, ahora con 13 años, era quien más emocionada estaba. Había preparado una presentación especial: leería en voz alta un fragmento del libro que su abuelo había escrito sobre Valeria.Cuando llegó el momento, la niña subió al escenari
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