Johanna despertó esa mañana con una extraña sensación de calma. Mateo ya no estaba, pero por primera vez en muchos días, el dolor en el pecho se sentía más ligero, más soportable.
Se levantó temprano, se preparó un té y bajó a la biblioteca antes de que llegara nadie. Quería estar sola con él.
El Rincón de Valeria ya no era solo de Valeria. Ahora tenía una fotografía de Mateo colocada con cariño al lado de la de ella. Johanna se sentó en la silla frente a ambos y los miró largo rato.
—Buenos dí