Dos meses después, un domingo por la tarde, la biblioteca cerró sus puertas más temprano que de costumbre.
Solo la familia estaba presente.
Mateo había pedido que fuera una ceremonia íntima, sin invitados externos. Solo ellos. Los que realmente habían vivido la historia.
El Rincón de Valeria había sido decorado con delicadeza. Docenas de rosas blancas cubrían la placa de mármol, velas pequeñas iluminaban el espacio y una fotografía grande de Valeria —la misma que Mateo había guardado durante dé