La primavera llegó con fuerza ese año.La biblioteca Valeria Solís lucía más hermosa que nunca. Los rosales blancos del jardín lateral estaban en plena floración y el aroma se sentía incluso desde la calle. Dentro, el sol de la tarde entraba por las ventanas recién limpiadas, iluminando los pasillos llenos de libros.Johanna Rivera, de 28 años, estaba detrás del mostrador principal organizando los últimos detalles para el cambio oficial de dirección. Su madre, Valeria, había decidido que ese sería el día.A las cuatro de la tarde, Valeria llegó vestida de blanco, como era tradición en la familia en los momentos importantes. Llevaba una caja pequeña de madera en las manos.Toda la familia estaba presente: sus dos hermanos, sus esposas, sus hijos y la pequeña de cuatro años, Sofía, quien correteaba entre las estanterías.Valeria pidió a todos que se reunieran en el Rincón de los Tres.Cuando todos estuvieron allí, se aclaró la garganta y habló con voz serena pero emocionada:—Hoy no sol
Leer más