A la mañana siguiente, la biblioteca permaneció cerrada al público por primera vez en doce años.
Todo el clan Rivera-Solís estaba reunido en el sótano. La misma habitación donde todo había empezado décadas atrás ahora parecía un centro de operaciones. Habían movido una mesa grande al centro y sobre ella extendieron viejos mapas del pueblo, registros antiguos de la biblioteca y todas las cartas que Valeria había dejado antes de desaparecer.
Mateo estaba de pie frente a la placa de mármol, con la