La señora Williams, el ama de llaves de la mansion de Alaric, llevaba más de quince años viendo pasar a personas por esos pasillos de mármol. Había visto a socios de negocios, a parientes codiciosos y, por supuesto, a personas mas cercanas a su jefe. Por eso, cuando Alaric le entregó la lista de cambios para la semana, la mujer tuvo que sostener sus gafas para creer lo que estaba leyendo.—¿Señor? —preguntó ella, mirando el papel con extrañeza—. Aquí dice que debemos cambiar el café de la mañana por una mezcla de grano arábigo con un toque de canela. Y que las cenas ya no deben ser estrictamente bajas en carbohidratos. Menciona... ¿pastas artesanales y mariscos?Alaric no levantó la vista de su tablet. Estaba sentado en el comedor, con la luz del sol de la mañana dándole un aspecto de estatua de hielo, impecable y aparentemente distante tras la fuerte discusión que había tenido con Farah la noche anterior.—La doctora Bourne tiene un metabolismo que requiere energía, Williams —dijo él
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