En el otro lado de la ciudad, Alina despertaba en la cama de Ronan, sintiendo por primera vez que el desastre más grande de su vida acababa de empezar, y que no tenía ninguna intención de detenerlo. Ninguno estaba preparado para lo que vendría cuando las luces de la ciudad se apagaran definitivamente.
La luz del sol se filtraba por las pesadas cortinas del ático de Ronan, dibujando líneas doradas sobre las sábanas de seda que Alina sentía demasiado suaves contra su piel. Se incorporó lentamente