La oficina de Farah todavía vibraba con la energía del enfrentamiento con Elián cuando Alaric se cruzó de brazos, apoyándose en el marco de la puerta. Su mirada no era la del jefe que vigila a una empleada, sino la de un hombre que acaba de confirmar que tiene a su lado a una aliada formidable.
—Guarda esos archivos en un pendrive encriptado, Bourne —dijo Alaric, rompiendo el silencio—. Nos vamos. — Farah levantó la vista, confundida. Todavía tenía tres pestañas abiertas con gráficos de dispers