Los días que siguieron en la casa de campo de la abuela Vittoria se convirtieron en un refugio extraño para Farah y Alaric. Se había establecido una rutina que ninguno de los dos quería romper.
Mañanas intensas en la empresa Grimaldi & Co., donde Farah ya ejercía su mando como directora interina con una seguridad que intimidaba a los veteranos, y tardes doradas en el campo, bajo la mirada astuta de una abuela que sonreía más de lo que hablaba.
Farah empezó a notar cambios. El Alaric que siempre