La tía Mercedes Mondragón tenía setenta y un años, una lengua que no conocía los conceptos de filtro ni momento inadecuado, y la convicción profundamente arraigada de que las familias bien organizadas no tenían hijos fuera del matrimonio.Esto, que en otras circunstancias habría sido simplemente una opinión generacional con la que disentir educadamente, se convirtió en el tema central de la cena familiar de fin de mes cuando la tía Mercedes decidió —con el timing de un francotirador— hacerlo explícito.Era la quinta cena familiar a la que asistía Valentina. Las anteriores habían transcurrido con la tensión moderada de los territorios nuevos, pero sin explosiones. Esta vez, con la copa de vino a medio terminar y Rodrigo en medio de una historia sobre un cliente difícil, la tía Mercedes interrumpió y dijo, con la claridad de quien ha estado guardando eso semanas:—Sebastián, ¿cuándo van a casarse?La mesa quedó en silencio.Rodrigo detuvo la historia.Elena, al otro lado de la mesa, cer
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