Sebastián no bajó los tres días siguientes.
Tampoco fue silencio total: respondía mensajes, preguntaba por el bebé, mandó un mensaje el miércoles para confirmar que la próxima consulta médica seguía en pie. Pero la textura había cambiado. Era el Sebastián del principio, el del contrato: eficiente, funcional, con las puertas en el lugar correcto.
Valentina lo notó con la nitidez de alguien que ha aprendido a leer un idioma y de repente escucha que le hablan en otro.
Daniela, cuando lo supo, tuvo