El salón del consejo no era el mismo de la primera vez. Ahora, el aire vibraba con una hostilidad eléctrica. Viktor presidía desde el trono central, con una expresión de triunfo gélido, mientras que a su lado, Lysandra aparecía vendada, con parte de su rostro aún cicatrizando por la caída, sus ojos inyectados en odio puro.Alaric entró con paso firme, pero esta vez, no arrastraba a Elora. Ella caminaba a su lado, con la espalda tan recta que parecía hecha de acero. Llevaba un vestido de terciopelo negro con un escote que dejaba ver, con orgullo desafiante, tanto la marca de Alaric como la cicatriz aún fresca del ataque de Lysandra. Ya no había pañuelos morados para esconderse. —El Consejo exige una explicación —tronó la voz de Lady Vora, la matriarca—. Alaric, se te acusa de intentar asesinar a un miembro de tu propio linaje por una humana que claramente ha perdido el control. —Yo no perdí el control —la voz de Elora interrumpió a la Matriarca, dejando el salón en un silencio sepulc
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