Mientras Elora permanecía encerrada en la biblioteca ancestral, el aire en el ala este de la fortaleza se volvía denso con el aroma del incienso y la conspiración.
Lysandra caminaba de un lado a otro en sus aposentos privados, sus ojos amarillos brillando con una excitación febril. Se detuvo frente a un gran espejo de plata, observando cómo sus colmillos se alargaban involuntariamente. El olor de la sangre de Elora, derramada durante la ejecución de Daniel, todavía la perseguía.
—Puedo olerla