Dieciocho años despuésLa mansión Blackwood ya no era un lugar de guerra ni de secretos.Era un hogar lleno de recuerdos, de risas y de la vida que habían construido juntos.Isabella estaba sentada en el viejo balcón principal, con una manta ligera sobre las piernas. Tenía el cabello más largo, con algunas hebras plateadas que brillaban bajo la luz de la luna. En su mano sostenía una taza de té caliente, pero apenas la había tocado.Abajo, en el jardín iluminado por faroles, sus seis hijos y dos nietos jugaban. Alexander (21 años) llevaba a su sobrina en hombros, Mateo (18) discutía con Sofía (17) sobre quién ganaría la siguiente carrera, mientras Emma, Valentina y Luna corrían detrás de una pelota. La pequeña Olivia, de tres años, la nieta mayor, reía a carcajadas.Ethan se acercó en silencio, como siempre lo hacía. Se sentó a su lado y tomó su mano sin decir nada al principio.—¿En qué piensas? —preguntó finalmente, con esa voz grave que todavía le erizaba la piel.Isabella sonrió c
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