Quince años después
La mansión Blackwood ya no era solo una casa.
Era un hogar lleno de historia, de cicatrices curadas y de risas que llenaban cada rincón.
Isabella estaba sentada en el viejo columpio del jardín, balanceándose suavemente mientras observaba el atardecer. Tenía el cabello más largo, con algunas hebras plateadas que brillaban bajo la luz dorada. Su vientre ya no estaba redondeado; los seis hijos que había traído al mundo ahora corrían por el césped con la energía de su padre y la