Dieciocho años después
La mansión Blackwood ya no era un lugar de guerra ni de secretos.
Era un hogar lleno de recuerdos, de risas y de la vida que habían construido juntos.
Isabella estaba sentada en el viejo balcón principal, con una manta ligera sobre las piernas. Tenía el cabello más largo, con algunas hebras plateadas que brillaban bajo la luz de la luna. En su mano sostenía una taza de té caliente, pero apenas la había tocado.
Abajo, en el jardín iluminado por faroles, sus seis hijos y do