La noche era fría y silenciosa en la mansión Blackwood.
Isabella estaba de pie frente a la ventana del dormitorio principal, mirando la ciudad iluminada a lo lejos. Llevaba solo una bata de seda negra que se ajustaba suavemente a su cuerpo. En su mano temblaba ligeramente el teléfono que Ethan le había devuelto semanas atrás.
Sobre la mesa, junto a la ventana, estaba el sobre blanco que Camila le había enviado esa misma tarde. Dentro estaban los últimos documentos que probaban la traición de su