Cincuenta años despuésLa mansión Blackwood estaba envuelta en una paz profunda y silenciosa.Era una tarde de otoño. Las hojas de los árboles del jardín tenían tonos dorados y rojizos, y el viento suave las hacía bailar en el aire. Isabella, de noventa y dos años, estaba sentada en su sillón favorito del balcón principal, envuelta en una manta de lana suave que Ethan le había regalado años atrás. Su cabello era completamente blanco, su piel fina como pergamino, pero sus ojos verdes seguían siendo vivos y llenos de la misma fuerza que había tenido de joven.A su lado, Ethan, de noventa y cuatro años, estaba sentado en una silla junto a ella. Su postura seguía siendo imponente a pesar de la edad, aunque sus movimientos eran más lentos y sus manos temblaban ligeramente cuando sostenía la de ella.Sus dedos seguían entrelazados, como lo habían estado durante cinco décadas.Abajo, en el jardín, sus hijos, nietos, bisnietos y hasta un tataranieto jugaban y reían. Las voces llegaban hasta e
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