Los siguientes días fueron un equilibrio peligroso entre la pasión y la realidad.Isabella y Ethan caían cada noche en la misma cama, pero ahora sus encuentros eran diferentes. Ya no había solo dominio y odio. Había besos lentos, caricias que duraban horas y conversaciones susurradas en la oscuridad. Ethan le contaba fragmentos de su pasado: la muerte de su hermano, la traición de su propio padre años atrás, cómo había construido su imperio desde las cenizas. Isabella, a su vez, le hablaba de su infancia, de cómo admiraba a su padre antes de descubrir la verdad.Pero la calma era frágil.Esa mañana, mientras desayunaban en el comedor, el teléfono de Ethan sonó. Contestó con el ceño fruncido. Isabella vio cómo su expresión cambiaba de relajada a mortalmente seria en cuestión de segundos.—¿Cuándo? —preguntó con voz fría—. ¿Cuántos hombres?…—Refuercen la seguridad de la mansión. Nadie entra ni sale sin mi autorización. Y tráiganme a Marcus. Vivo.Colgó y miró a Isabella. Sus ojos gris
Ler mais