Los invitados llegaron en oleadas discretas. Primero, un grupo de ejecutivos de traje azul marino. Ellos hablaban en voz baja, con las manos en los bolsillos. Sus miradas recorrieron el salón con curiosidad medida. No eran familia. Eran socios. Hombres de negocios acostumbrados a este tipo de eventos. Después, una pareja de mediana edad. Ella con un vestido color champán. Él con una corbata de rayas finas. Se detuvieron en la entrada, saludaron a Alfonso con un apretón de manos y se dirigieron a la mesa del bar. Luego, más personas. Algunas con sonrisas amplias y falsas. Otras con gestos serios, como si estuvieran en una junta. Las copas de champán comenzaron a vaciarse. Los camareros de chaqueta roja se movían entre los grupos con bandejas de plata. —Qué bonito lugar —dijo una mujer de cabello corto, con un collar de perlas demasiado grande. —Sí, muy sobrio —respondió su acompañante, y ajustó sus gafas. Una risa corta se escuchó cerca de la entrada. Un grupo de tres hombres b
Leer más