Patricia le mandó un mensaje de texto con la hora exacta en que se verían en la fundación: «Aley».Lena tuvo que levantarse temprano. Se preparó un café rápido, lo bebió de pie junto a la ventana. Organizó todo para estar puntual. Revisó el bolso dos veces. Las llaves, el teléfono, la cartera. Todo en orden.Cuando llegó la hora, optó por ropa casual. No informal, pero sí lo bastante versátil para la ocasión. Unos pantalones de lino beige y una blusa de manga corta, color hueso. Se miró al espejo del recibidor. Asintió.En la oficina de la fundación “Aley” entregaron los papeles. La directora Rebeca los recibió con una sonrisa profesional. Le contó a Lena que Mili preguntaba todos los días por ella.—Oh, ¿y eso por qué? —preguntó Lena, con una ceja arqueada.—Se le metió la idea de que quiere que usted adopte a su hijo —respondió Rebeca, y negó con la cabeza, un gesto cansado.—¿En serio? Eso debe ser bueno, ¿no? —intervino Patricia, un poco confundida. Frunció el ceño, como si no ter
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