Lena carraspeó. Se enderezó en el sofá y apartó un mechón de cabello de la cara. Aún sentía el sabor amargo del vino en la lengua, pero el mareo ya había cedido lo suficiente para pensar con claridad.
—Lo mejor será esperar a que mi divorcio termine —dijo, con voz más firme—. Además, tú necesitas tu privacidad. Para cuando Harper o cualquiera mujer te pida verse, no quiero ser un estorbo.
Alán la miró, con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Qué considerada —dijo con ironía.
—Prefiero m